Ansiedad y depresión en personas mayores

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Ansiedad y depresión en personas mayores

 

La trascendencia del fenómeno del envejecimiento de la población es ahora reconocida a todos los niveles por sus importantes consecuencias tanto económicas como sociales. Nunca antes el número de ancianos en las sociedades occidentales había sido tan elevado.

La salud es la más afectada por el envejecimiento, que es un factor de riesgo para muchos trastornos crónicos. La depresión y la ansiedad son los problemas de salud más frecuentes entre la población de edad avanzada. Algunas personas mayores se pueden deprimir por la percepción de su propio deterioro, los cambios en el entorno social o las alteraciones  en las estructuras cerebrales asociadas a la afectividad. La preocupación puede ser un factor relevante añadido en presencia de síntomas depresivos y de ansiedad. De igual forma, la visión social y los estereotipos sobre la vejez pueden afectar negativamente.

La prevalencia de un episodio depresivo mayor o de síntomas de trastorno depresivo en la población general es del 5% y aumenta en contextos médicos hasta llegar a entre el 6 y el 9% de la población geriátrica, entre el 17 y el 37% de los ancianos en atención primaria, al 30% de los pacientes agudos hospitalizados, al 40% de personas mayores en residencias de ancianos, etc. El diagnóstico de la depresión se complica por la superposición de otras quejas relacionadas con el deterioro físico de la vejez.

Los trastornos de ansiedad comparten algunas características con la depresión, el estrés, los trastornos del sueño y otros síntomas físicos. La ansiedad también puede estar asociada a otros trastornos psiquiátricos u otros procesos. La prevalencia ronda el 11% en ancianos. Así, este grupo de personas podría ser vulnerable a condiciones físicas relacionadas con la ansiedad, como la hipertensión arterial, las enfermedades cardiovasculares y otros problemas de salud que podrían volverse crónicos. Además, la preocupación excesiva en forma de pensamientos intrusivos y repetitivos es un fenómeno muy habitual durante el envejecimiento y es clínicamente relevante y está estrechamente relacionado con la ansiedad.

La depresión y la ansiedad son condiciones de salud mental que comprometen la calidad de vida de las personas mayores. Sin embargo, un número muy limitado de estudios ha intentado encontrar de forma empírica las estrategias más adecuadas para afrontar clínicamente el exceso de preocupación, la ansiedad y la depresión en la vejez.

Dado que los ancianos a menudo toman diferentes medicamentos para su salud, tanto mental como física, es importante poder identificar intervenciones psicológicas que resulten efectivas para reducir la necesidad de su uso. Además, la depresión puede entenderse como un trastorno en el que el estado de ánimo domina la cognición, volviéndola relativamente inflexible y reduciendo las oportunidades de alterarla. Aunque las psicoterapias cognitivas e interpersonales pueden ser útiles y efectivas, tiene sentido que otras técnicas diseñadas para alterar los estados mentales, como la atención plena, también puedan ser útiles para disminuir la depresión. Estas técnicas pueden funcionar al enseñar a las personas deprimidas cómo modificar su estado de ánimo y proporcionar flexibilidad para alterar la tristeza y apatía incesante experimentada en una depresión clínica. Las técnicas de meditación también podrían usarse para ayudar a liberar los pensamientos que mantienen el afecto depresivo.

Continúe leyendo sobre el estudio que ofrece técnicas como el mindfulness para ayudar a aliviar los síntomas depresivos.


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